La familia como protección de psicopatología en el niño (Dolores Grau, Paraula)

La familia como protección de psicopatología en el niño (Dolores Grau, Paraula)

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La infancia y la adolescencia son periodos evolutivos en los que existe una mayor vulnerabilidad al desarrollo de trastornos psicopatológicos tanto internalizantes (por ejemplo, ansiedad o depresión) como externalizantes (por ejemplo, trastornos de conducta y de control de impulsos, trastorno de atención con hiperactividad), estimándose una prevalencia global a nivel mundial del 13,4%. 

También cabe señalar que los estudios ponen de manifiesto que los nuevos estilos de vida han influido en la aparición de problemas emergentes de salud mental como el consumo abusivo de instrumentos de pantalla, así como una de sus consecuencias en forma de comportamientos de acoso y ciberacoso, y que se relacionan con la ansiedad, la depresión e incluso pensamientos suicidas.

Los trastornos psicológicos vienen determinados por mecanismos de vulnerabilidad temperamental, características internas del propio niño, y por las características contextuales en las que el niño se desarrolla a lo largo de su curso evolutivo, que pueden actuar como factores de riesgo o de protección. En este sentido, el ambiente concreto en el que el niño se desarrolla puede aumentar, mantener o disminuir la probabilidad y la frecuencia de aparición de patologías.

La familia es el contexto más importante e inmediato del desarrollo del niño, y al mismo tiempo, ejerce un papel mediador ante los demás entornos sociales y educativos en los que el niño se desenvuelve. Aunque cada familia es única y tiene un estilo propio de funcionamiento, la investigación ha puesto de manifiesto la importancia del contexto familiar como lugar en el que se produce el desarrollo de sus miembros, a través de los afectos, los comportamientos y las cogniciones y que la calidad de las relaciones familiares se establece como factor de protección en el desarrollo de los problemas en el niño. Bajo esta premisa, ¿qué cualidades protectoras que se deben desarrollar en la familia? 

En primer lugar, establecer un clima familiar apacible que proporcione al niño lazos de afecto y vínculos de apego seguro y una adecuada regulación emocional. Esto está relacionado con un ejercicio razonable de la autoridad, esto es, un estilo educativo democrático con dosis adecuadas de afecto y control; consistencia y coherencia de las pautas disciplinarias, adaptadas a la etapa del desarrollo, con normas y límites claros que sean predecibles para el niño. 

Reforzar la coparentalidad y ayuda mutua en la crianza es otro factor clave; de hecho, es necesario el acuerdo en la pareja en lo que respecta a los criterios educativos a seguir con los hijos.  Igualmente, establecer una buena comunicación familiar, empática, otorgando importancia al diálogo, facilita escuchar atentamente y demostrar interés y preocupación por lo que hacen los hijos. 

Resulta también de gran ayuda a los hijos enseñarles a manejar el enfado y expresarlo de forma adecuada, educarlos en la resolución de problemas y en el control de la ira, enseñarles habilidades de autonomía y asunción de responsabilidades según la etapa evolutiva en la que se encuentran. 

En este proceso, los padres no deben olvidar que las expectativas sobre los hijos deben ser realistas y adecuadas al desarrollo infantil, subrayar los logros y esfuerzos de los niños y hacérselo saber, anticipar el éxito del niño como probables e interpretar los fracasos como una oportunidad para aprender y mejorar. 

Compartir, padres e hijos, tiempo en actividades conjuntas y dedicarles tiempo específico a cada hijo, conocer sus preocupaciones, intereses, sus amigos; hacer un seguimiento e implicación a nivel escolar y extraescolar y mantener una buena relación con los profesionales del sistema educativo son otras pautas recomendables; también se ha visto la importancia de realizar actividades extraescolares, combinando actividades físicas y cognitivas, pero evitando un número elevado de horas de actividades.

Reforzar la relación y el vínculo fraternal, establecer relaciones adecuadas con la familia extensa, en especial con los abuelos que les proporcionan un importante soporte en las tareas de  crianza y buscar apoyo social a través de recursos sociales o educativos cuando sea necesario son otras recomendaciones, así como compatibilizar de manera adecuada las tareas de crianza con el mundo social y laboral de los padres.

En definitiva, las familias deben ser capaces de elaborar un proyecto de vida familiar que de sentido para su vida familiar, activando la voluntad de apoyarse mutuamente en las relaciones familiares y la conciencia de un sentido en la vida. Con todo, la clave fundamental que debe guiar la vida familiar está recogida en el Evangelio: «El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co 13,4-7). Igualmente, quiero acabar con unas palabras claras e iluminadoras del papa Francisco para todas las familias: “Recordad que el perdón cura toda herida”.

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